Gabriel Yañez Pérez

Muy seguramente Usted ha escuchado aquellas palabras de Albert Einstein, donde alude a la imposibilidad de que se dé una cuarta guerra mundial, ya que después de una tercera (guerra), las luchas posteriores serían con piedras y palos.

Esta sentencia contextualiza la supuesta charla que se muestra en la película “Oppenheimer”, cuando el creador de la bomba atómica se acerca a Einstein, para confesarle haber logrado descubrir esa reacción en cadena que le había comentado anteriormente, la cual tendría la capacidad de destruir a la humanidad. Tal descubrimiento es la razón de que, más allá de su genialidad y las primigenias motivaciones que lo llevaron a inventar tan letal arma, J, Robert Oppenheimer siempre será recordado como “el destructor de mundos”. Después de todo, la bomba atómica es el antecedente de la interminable carrera armamentista, la cual ha ido perfeccionándose a tal grado, que bien podría en un momento dado conducirnos a un holocausto nuclear.

Todo esto lo traigo a colación por el revuelo que ha generado estos últimos días, la posibilidad de que la humanidad pueda verse envuelta de nuevo en una guerra mundial, debido a la escalada que se está dando en varios conflictos alrededor del mundo. Y es que si bien los enfrentamientos en Palestina y Ucrania han acaparado la atención mundial, no hay que desdeñar las fatales consecuencias de otros más que están vigentes, como los que se viven en África, Siria, Yemen y Afganistán, muchos de ellos que eclosionaron inicialmente como guerras civiles, pero que con el tiempo han evolucionado e involucrado la presencia de naciones externas.

Este involucramiento geopolítico en los conflictos armados que existen en la actualidad, es lo que ha ido acrecentado la tensión en el mundo, particularmente por lo que ocurre en Ucrania y en el oriente medio. Y es en casos como estos donde EU, en su eterno papel intervencionista, sigue tratando de jugarle el dedo a la comunidad internacional, ya que por un lado pregonan una postura diplomática mediadora y de paz, mientras que por el otro mantienen las subvenciones económicas y armamentistas hacia una de las partes en conflicto.

Lo último que ha desatado la preocupación mundial, es la filtración que se dio recientemente sobre una supuesta autorización hecha por la Casa Blanca, para que Ucrania empiece a usar armas estadounidenses de largo alcance (300 km), de los conocidos como misiles supersónicos guiados. Ante esta posibilidad, hay que recordar que el mes pasado, el mandatario ruso Vladimir Putin amenazó con utilizar armas nucleares si su país recibe el ataque de estos misiles de largo alcance. De hecho, apenas el pasado 17 de septiembre, en una acción dirigida a inhabilitar fuentes de abastecimiento de energía eléctrica, Rusia lanzó contra Ucrania un masivo ataque con drones y misiles, el mayor que se tiene registrado desde que iniciaron las hostilidades entre ambas naciones.

Es este escenario que ya hay países como Suecia y Finlandia, que han emprendido desde ahora campañas ciudadanas para actuar en caso de guerra, ya que además de que ambos países corren el riesgo de ser sujetos a represalias de Rusia por su reciente apoyo a la OTAN, su cercanía con esa país (sobre todo Finlandia que comparte frontera) los hace susceptibles de “daños colaterales”. Pero ante todos estos factores que alimentan y propagan el temor de una escaldad bélica sin precedentes, hay que ser prudentes y considerar los factores que hacen poco probable una tercera guerra mundial, por lo menos en los términos en que se suele pensar. Esta algarabía ha sido incluso aprovechada políticamente por el hijo de Donald Trump, quien criticó a Biden por esta supuesta autorización, al escribir en X (antes twiter) lo siguiente: “Parece que el complejo militar-industrial quiere asegurarse de que comience la tercera guerra mundial antes de que mi padre tenga la oportunidad de crear la paz y salvar vidas. ¡Tenemos que asegurar esos billones de dólares! ¡Al diablo con la vida! ¡Imbéciles!”.

Por todo lo anterior es que más allá de la inviabilidad de una nueva guerra mundial, donde considerando la letalidad de las actuales armas nucleares, lo único seguro es que nadie ganaría; la realidad es que por sí solos, todos esos conflictos bélicos que existen alrededor del mundo, sumados a la desigualdad social, la hambruna, el terrorismo, el narcotráfico, la trata de personas y las violaciones a los derechos humanos que nos aquejan, nos indican de que ya estamos viviendo en una guerra de dimensiones mundial. Una guerra que a cada minuto nos deja cifras escalofriantes de asesinatos, de personas muriendo por inanición, de niños en la orfandad, de mujeres vejadas, etc. Tememos pues a un conflicto armado a nivel mundial que pueda acabar de tajo con la humanidad, pero lo más probable es que la decadencia social, los malos gobiernos, las ambiciones políticas y el agotamiento de nuestros ecosistemas en que vivimos, sea lo que termine acabando primero con la vida sobre la tierra.