Si bien es verdad que muchas de las amenazas que ha venido lanzando el alocado Presidente electo de EU, cargadas todas de verborrea antiinmigrante y proteccionista, distan mucho de que puedan ser ejecutadas (por lo menos en el corto plazo); hay sin embargo muchas otras más que sí dependerán exclusivamente de él, una vez que se proclamado en el cargo el próximo día 20 de este mes. En este segundo mandato, Donald Trump no sólo viene recargado de xenofobia, frustración y revanchismo, sino que ahora tiene inmejorables condiciones en ambas cámaras legislativas para concretar sus propósitos.
La llegada al poder de una personalidad tan megalómana e insensible, sobre todo en este caso que hablamos de la nación más poderosa del orbe, representa hoy en día una amenaza tal que puede llegar a reconfigurar el escenario geopolítico, particularmente en cuanto a las alianzas comerciales establecidas, que hoy se mantienen en zozobra ante una guerra arancelaria sin cuartel.
De hecho, tanto la Unión Europea como las emergentes potencias asiáticas, han empezado a prepararse para afrontar las consecuencias de una escalada arancelaria incontrolable, donde el objetivo común (liderado por EU), es frenar la desigual competencia que les representa la importación de productos chinos. En respuesta a ello y en clara alusión a los reclamos de Donald Trump, el día de ayer el Gobierno de China publicó una noticia en la cual destaca el superávit que esa nación “socialista” tuvo al cierre del 2024, en donde alcanzó la sorprendente cifra de 990 mil millones de dólares.
Este resultado a favor en su balanza comercial, es la muestra más contundente de cómo ese país asiático se ha convertido en la maquila del mundo, a un nivel tal que según la Organización de las Naciones Unidas para el Desarrollo Industrial, China es quien produce actualmente alrededor de un tercio de los bienes manufacturados del mundo. Esto es más que Estados Unidos, Japón, Alemania, Corea del Sur y Reino Unido juntos.
Recordemos que aunque China sigue siendo un país comunista, por lo menos desde el ámbito político con su dominante Partido Comunista Chino (PCCH) y un sistema represor de libertades; en la actualidad ya no les tanto en el aspecto económico, pues su sistema híbrido opera como una economía de libre mercado, aunque no se le reconozca como tal. Esta mezcla de apertura empresarial subsidiaria pero con candados que le dan el control al Gobierno, ha hecho de China el gigante económico que todos reconocen, aunque su precio a pagar ha sido muy alto, pues las desigualdades entre la vida en las zonas rurales y urbanas crecen cada vez más, y las condiciones laborales siguen estando muy por debajo de los países desarrollados.
Por todo lo anterior, es previsible entonces que en esta guerra comercial que se avecina, los países del mundo se vayan a ver obligados a tomar partido, buscando hacer valer sus propios intereses ante la escalada arancelaria que se avecina entre ambas potencias, una vez que Donald Trump sea ungido Presidente. En este escenario, la interrogante que surge es si México cambiará ese discurso nacionalista, con el que Claudia Sheinbaum ha respondido hasta hoy a las amenazas del próximo mandatario norteamericano, o bien si se mantendrá firme con esa postura, en un franco desafío a la ambiciosa política intervencionista de EU.
De ahí entonces que por ser México el principal socio comercial de EU, todos los reflectores están dirigidos ahora a la Presidenta Claudia Sheinbaum, quien tendrá la difícil tarea de sortear las amenazas de Trump, sin que ello implique detener la creciente relación comercial con China, quien es a su vez nuestro segundo socio comercial.
Pronto se verá pues cuáles decisiones tomará nuestro país ante esta disyuntiva, ya que mientras por una parte a través de la relación con China, se busca erigir a nuestra nación como ese puente estratégico entre oriente y occidente (a través del llamado nearshoring o relocalización de empresas); por otro lado, ese mismo escenario puede ser usado como por Trump para presionar y hasta desbarrancar el T-MEC, so pretexto de que ello implica una competencia inequitativa por ser puerta de entrada libre a productos chinos.
Por lo pronto, las acciones “contundentes” que supuestamente ha implementado México en contra de la piratería china en la CdMx, Hermosillo, Coahuila y BCS, parecen no haber convencido al próximo mandatario norteamericano, quien ha dicho que ya tiene lista una serie de represalias comerciales en contra de nuestro país, en caso de no frenar la expansión de productos chinos.

