Gabriel Yañez Pérez

Dentro de la ya de por sí desgastada figura del político (6 de cada 10 mexicanos no confían en ellos), la posición del regidor es quizá la más denostada. Y es que de alguna forma u otra, todos sabemos de la existencia de los regidores; sin embargo, poco se conoce realmente de sus responsabilidades o más aun de su desempeño y utilidad, lo que ha configurado en la sociedad la percepción de un cargo inútil y muy costoso al erario público.
Sin ahondar mucho, sólo diré que de acuerdo a lo que establece la Ley de Gobierno Municipal del Estado de Sinaloa y a lo secundado en los Reglamentos Interiores de los Ayuntamientos, los regidores conforman junto con el presidente municipal y el síndico procurador, ese órgano de gobierno municipal que conocemos como ayuntamiento. En dichos marcos normativos se establecen de forma muy general o condensada, las facultades y obligaciones que les competen a los regidores, siendo básicamente las de asistir y participar en las sesiones del cabildo; vigilar el cumplimiento de los reglamentos y el manejo de la hacienda municipal; hacer propuestas de mejora administrativas; canalizar las demandas ciudadanas; así como actualizar su marco normativo.
Para llevar a cabo lo anterior, los regidores deberán formar parte de las comisiones permanentes, donde en teoría, se supone que analizan y resuelven los asuntos de competencia municipal. Sin embargo, como suele suceder en la mayoría de los casos, la realidad difiere en mucho de lo que normativamente se establece, de modo tal que lo único que tenemos, es a un grupo de funcionarios muy bien pagados pero de muy poca o nula utilidad.
Esta situación hace que ya en términos de costo-beneficio, el saldo de contar con un cuerpo de regidores sea totalmente negativo, pues con sus debidas excepciones, la gran mayoría asume este cargo como una beca, en lugar de verlo como la enorme oportunidad de ayudar a la comunidad. Incluso el concepto de beca se queda chico, ya que en este caso ni siquiera se dedican a prepararse, o por lo menos leer sus propios reglamentos para ver qué mejoras pueden hacérseles. Y aunque las percepciones por su ”desempeño” varían obviamente según el tamaño del municipio al que pertenecen, en los más grandes como el caso de Culiacán, su retribución mensual (con todos los apoyos adicionales) supera los ¡setenta mil pesos!.
A pesar de esa elevada remuneración, a la enorme mayoría de los regidores bien podríamos compararlos con los “ninis”, pero en este caso porque ni trabajan y ni se avergüenzan de ello. Algunos incluso se creen muy listos y hasta hacen una parafernalia dizque para dar su informe, pero como nada tienen que informar, sólo refuerzan en la población la idea de que las regidurías representan el puesto más cómodo y decorativo de las administraciones municipales. En pocas palabras, un premio para quienes obtienen el cargo, y por el cual garantizan a los presidentes municipales gobiernos tersos y sin sobresaltos, ya que la elección por planilla les representa invariablemente contar siempre con una mayoría.
De hecho, existen actualmente varias iniciativas para que los regidores sean electos igual que el cargo de alcalde, es decir, por el voto de los ciudadanos. Con esta reforma se evitaría tener cabildos a modo, y que los presidentes municipales sigan gastando el erario en ocurrencias, maquillando cifras y cometiendo excesos como los que ya hemos visto tantas veces.
Por otra parte, es importante presionar para que ahora sí entre en vigor, la reforma legal que se ha venido posponiendo, con la que se habrá de reducir el número de regidores. En el mismo sentido, urge también establecer sanciones más rígidas y precisas para quienes incumplan con sus responsabilidades, y en todo caso, ser muchos más selectivos con las personas que llegan a ese puesto, esto último con dedicatoria directa a los partidos políticos, pero también a nosotros mismos. Esto es por el hecho de que si hacemos el esfuerzo de revisar con detalle, a cada uno de quienes integran las planillas de regidores que acompañan las candidaturas por las alcaldías, puede que hasta cambiemos nuestro sentido del voto, lo que sería en todo caso una lección a los partidos, en el sentido de no seguir conformando dichas planillas a base de compromisos y compadrazgos, y optar en cambio por personas que sí quieran trabajar y velar por el interés de la gente. ¿Será esto algo difícil de que suceda?… quizá, pero vale la pena intentarlo.