Gabriel Yañez Pérez

Si bien aquel célebre aforismo del sociólogo de la comunicación Marshall Mcluhan, donde sentenciaba que “el medio es el mensaje”, llevaba una connotación más bien enfocada a la tecnologización que irrumpía en su tiempo; la aplicación más utilizada de dicho axioma en las tres últimas décadas, ha sido referente al campo de la comunicación social. Por esta razón, como lo explica el propio Mcluhan en su libro “Comprendiendo los medios, las extensiones del ser humano”, existen medios per se que no llevan ningún mensaje, pero hay otros donde el medio conlleva implícito a su vez otro mensaje, de modo que este último este termina por influir en la percepción o conducta de los destinatarios.

Lo anterior viene al caso porque como textual y visionariamente se cita en la introducción del libro arriba mencionado, “Hoy en día, la acción y la reacción ocurren casi al mismo tiempo”. Y aunque esta premisa aludía en su momento al proceso de automatización que imperaba a mediados del siglo pasado, en la actualidad es una afirmación que cobra aún mayor vigencia, debido a la conectividad digital y a la comunicación virtual en la que vivimos.

Y es precisamente bajo esta visión que las estrategias propagandísticas, en una afanosa búsqueda del voto juvenil, retoman en cierta forma los postulados de Mcluhan, en cuanto al papel que desempeñan ahora las nuevas tecnologías, el internet y las redes sociales, como una extensión (o amputación en algunos casos) en el mundo de las nuevas generaciones.

Es por ello que durante este periodo de precampañas que oficialmente concluye pasado mañana, tanto Claudia Sheinbaum como Xóchitl Gálvez (quien cerró su precampaña el domingo), se esforzaron durante esta etapa en tratar de llegarles a los jóvenes para que, en una primera instancia, estos las pudieran conocer. Ya después, en el periodo de campaña, sería buscar entonces algún resquicio que les permita generar empatía con ellos e incentivarlos a presentarse en las urnas el día de la elección. Esta aspiración se ha convertido en una prioridad para ambas contendientes, toda vez que aunque muchos analistas políticos no lo visualicen así, y hasta demuestren displicencia por la fuerza electoral que pudiese representar este segmento social; la realidad es que de conseguir vencer la apatía y desafección políticas que priva en la juventud, ésta podrían ser el fiel de la balanza en las elección del 2 de junio de este año.

Con esta visión y para entender más claramente el potencial que representan los jóvenes de cara a los próximos comicios, basta recordar que a nivel nacional, son más de 26 millones de jóvenes entre los 18 y 28 años de edad, lo que de acuerdo con la última lista nominal en el país emitida por el INE, alcanza casi el 31%. Otro dato muy interesante además, es que son casi 4 millones de los llamados “centennials” (entre los 18 y 19 años), lo que hace que el reto de hacer “click” con ellos sea todavía mucho mayor. De hecho, hasta el momento ni Sheinbaum ni Gálvez han conseguido mover emociones en los jóvenes y cambiar su postura, lo que se confirma con el hecho de que según datos del IMJUVE, a noviembre del año pasado, se mantenía prácticamente incólume la cifra de un 64% de jóvenes que en nada o muy poco interesados están en la política.

Ante este escenario de incertidumbre sobre cómo es que reaccionarán los jóvenes y cuál será su nivel de participación en la jornada electoral, y dejando de lado el papel ornamental que representa Jorge Álvarez Máynez, candidato de Movimiento Ciudadano; la atención se centrará en cómo tanto Sheinbaum como Gálvez, deberán redireccionar el enfoque de sus estrategias hacia el electorado juvenil. Y es que hasta el momento lo único que han logrado, es montarse en el escenario de las redes sociales, una inclinada al medio tradicionalmente más político como lo es twiter (Xóchitl Gálvez), y su adversaria política (Claudia Sheinbaum), más enfocada en el medio audiovisual de mayor consumo entre los muchachos como es tik tok.

Aun así, hasta el momento ninguna de las dos han podido lograr que el medio sea también un mensaje en sí mismo, de manera que no sólo transmitan sus mensajes, sino que estos se den en un escenario donde la pertinencia del contexto, les permita proyectarse mejor. Lo anterior obedece a que en muchos de estos casos, más que el mensaje, lo que impacta y puede enganchar a los jóvenes son la forma, el momento y las condiciones del medio por el que se transmite.

Ya veremos muy pronto si ambas candidatas presidenciales logran sortear este reto, pero por lo pronto, entramos a partir de este viernes en la fase de intercampaña (del 19 de enero al 29 de febrero), donde para la gran mayoría la buena noticia es que descansaremos (por el momento) del excesivo bombardeo de spots y promocionales, los cuales más que incentivar, muchas veces terminan por hastiar.