El pasado 05 de mayo del presente año, transcurridos 1,191 días que la Organización Mundial de la Salud (OMS) a través de su Comité de Emergencia había declarado a la COVID-19 como una Emergencia de Salud Pública de Importancia Internacional -nivel más alto de alarma según el derecho internacional-, ésta se da por terminada.

En la décimo quinta sesión del Comité de Emergencia del Reglamento Sanitario Internacional, se hace la valoración respecto a la situación que guarda la enfermedad, en la que se reconoce una disminución mundial significativa en el número semanal de muertes relacionadas con la COVID-19, hospitalizaciones e ingresos en unidades de cuidados intensivos desde el comienzo de la pandemia. Un punto importante comentado en la sesión es cómo el SARS-CoV-2 continúa evolucionando, pero al momento las variantes que circulan actualmente no parecen estar asociadas con un aumento de la gravedad.

La “Emergencia de Salud Pública de Importancia Internacional” es un mecanismo institucional, su objetivo es realizar acciones oportunas que limiten el impacto en la sociedad de riesgos sanitarios emergentes. Los criterios que se toman en cuenta para su declaración son: que sea algo inusual o inesperado, que existe un potencial de propagación transfronteriza y requiere de una respuesta internacional coordinada. Para la OMS se cumplieron todos esos criterios el día 30 de enero del 2020, fecha en la que emitió el propio organismo la emergencia por COVID-19.

Pero no fue hasta el 11 de marzo cuando se declaró formalmente la pandemia. Es importante aclarar la diferencia. Cuando hablamos de emergencia internacional se hace énfasis en la necesidad de establecer mecanismos de coordinación, optimización de la financiación internacional y la aceleración de los avances para el desarrollo de vacunas, tratamientos y pruebas diagnósticas bajo la autorización del uso de emergencia. Mientras que “pandemia” es la retórica que los gobiernos utilizan como herramienta de comunicación, pues esto indica un acontecimiento generalizado por el mundo en un momento determinado.

Concluida la emergencia, los estragos de la infección por el virus que surgió a finales de diciembre en 2019 en China, se miran reflejados a nivel mundial en 765,222,932 casos confirmados, incluidas 6,921,614 muertes, cifras oficiales reportadas por la propia OMS, con un índice de letalidad de 0.9%. Sin embargo, existen fuentes que

remarcan el alarmante exceso de mortalidad proyectando 20 millones de muertes relacionados con el COVID-19.

Por otro lado, entre los países más afectados con casos confirmados se encuentra Estados Unidos que reporta un total de 104,618,931, después la India con 44,964,289, Francia con 40,007,281, Alemania con 38,409,620 y Brasil con 37,487,971 casos. Nuestro país ha reportado oficialmente un total 7,587,643 casos confirmados.

En el caso de las defunciones, los países con mayor cantidad lo encabeza de igual manera Estados Unidos con un total de 1,162,403, Brasil con 701, 833, después la India con 531, 642, Rusia 398,463 y México con 333,463 defunciones, pero con un índice de letalidad de 4.3%, muy por encima de la media internacional.

A 3 años de pandemia no podemos olvidar el magnífico papel de la ciencia, la tecnología y la investigación. El 02 de diciembre del 2020 el Reino Unido se convierte en el primer país en conceder la autorización de uso de emergencia de la vacuna Pfizer, desarrollada en sólo 326 días, tiempo récord si comparamos otro tipo de vacuna, por ejemplo, para la tuberculosis que tuvo un tiempo de 45 años para su desarrollo o incluso para el VIH-Sida, que aún no concluye una vacuna para su inoculación a pesar de iniciar su investigación desde 1983.

Resulta de interés realizarnos la siguiente pregunta: ¿Aprendimos la lección que nos deja COVID-19? Sería difícil dar una respuesta, pues las consecuencias de la pandemia aún siguen su curso. Lo que podemos asegurar es que un problema sanitario, como esta infección viral, puede causar estragos de relevancia en un país con susceptibilidades, no sólo los de la infección y sus consecuencias a largo plazo como el long-covid o las propias defunciones, analicemos sus repercusiones en la economía, en la sociedad con la cantidad de niños huérfanos o simplemente en el sector educativo con el rezago que implico el confinamiento.

El COVID-19 será una enfermedad respiratoria que va circular continuamente. El virus no desaparece, seguirá mutando y causando infecciones, y dependiendo del estado inmunológico éstas serán leves o graves. Nuestra recomendación es que no olvidemos las medidas sanitarias acostumbradas, apostar por la vacunación y la liberación en el uso de antivirales.

Los gobiernos tendrán la obligación de llevar un manejo local de la infección, ya que ahora es un problema de salud establecido y persistente, endémico. Un punto

importante, invertir en sistemas de salud públicos, ciencia, tecnología e innovación y no olvidar el sistema educativo.

Excelente inicio de semana.