En todas las democracias del mundo, siempre sucede que al final de cada mandato presidencial, a muchos ciudadanos les empieza a invadir, independientemente de sus simpatías por tal o cual partido, un sentimiento de desafección por su gobernantes, lo cual es un proceso normal ocasionado por el natural e inevitable desgaste de Gobierno.
Derivado de ello es que los políticos, acostumbrados a la demagogia y avezados en el manejo de las emociones, encuentran en dicho desgaste de poder un caldo de cultivo para sembrar la necesidad de una alternancia. Y es que salvo muy contadas excepciones, el cambio prometido y que se nos vende como una panacea para corregir todos los problemas del pasado, termina por volver al punto de partida y querer un nuevo cambio.
Y así como ya hemos aprendido que el voto no debe ser coaccionado o comprado, ahora debemos concientizarnos en la necesidad de NO emitir sufragios por simple apatía, o movidos por sentimientos de filias o fobias partidistas.
Siempre hemos dicho que la culpa no es de los partidos, sino de quienes hacen usufructo de ellos, ya que en éstos como en las religiones, no existe alguno que estipule o promueva lineamientos o mandamientos que induzcan a la deshonestidad o la maldad.
Por eso la insistencia de que ante los ya muy cercanos comicios del 2024, valoremos bien las trayectorias y hojas de vida de esos candidatos y candidatas que buscaran algún cargo de elección popular.
Sabemos sin embargo que la militancia sigue siendo el elemento de mayor peso a la hora de emitir nuestros sufragios, por lo que promover el voto reflexivo no es una candidez o ingenuidad política, sino un deber ético que nos mueve a insistir en ello, independientemente de la filiación o inclinación política-ideológica que de alguna forma u otra todos tenemos…hasta quienes suelen llamarse apartidistas.
Pero, ¿a qué viene todo esto?. Sencillamente a la necesidad de no dejarnos llevar por el canto de las sirenas, y que después tengamos que lamentarnos de nuestras decisiones. Ser militante o simplemente simpatizante de un partido, no significa aceptar ciegamente las imposiciones y avalar a candidatos o candidatas de limitados méritos, escaso talento, o peor aún, de una trayectoria plagada de ineficiencia y corrupción.
Y es precisamente la adherencia a determinado partido político, un derecho que obliga a ser propositivo y exigir a sus dirigentes el ser muy selectivos con la oferta electoral que propongan. La revolución de conciencias es una labor que los partidos políticos pueden con suma insistencia promover desde sus respectivas ideologías, pero el éxito en ello es que sus partidarios se sumen por convicción, y para ello es necesario que exista una total apertura interna al debate y a la libre manifestación.
Los mexicanos ya estamos curados de espanto con tanto político inservible y transa que además no tienen la más minina vergüenza, pues a pesar de tener un negro historial, vuelven en cada elección a seguir queriéndonos endulzar el oído y con un enorme cinismo, pedir que confiemos nuevamente en ellos.
A nivel nacional y local, hemos padecido de alternancias políticas que crecieron por las ansias de un cambio, pero que después de tantas expectativas levantadas, terminaron por ser una rotunda desilusión. Hablamos obviamente del caso de Vicente Fox, quien nos condujo por un fatídico desgobierno y que aún hoy, sigue haciendo daño con sus insulsas declaraciones, por lo que pensamos que ya lo alcanzó la demencia senil.
En el ámbito local todos recordamos el caso de MALOVA, el exgobernador bailarín que echó por la borda seis años con sus ocurrencias, y cuyo desaseo y saqueos administrativos terminaron por hipotecar al Estado.
DE ÚLTIMA HORA.- Por fin, después de mucho arrastrar el lápiz y de mucha labor de cabildeo con todos los sectores directamente involucrados en el tema, se prevé que este próximo jueves se avance con la dictaminación de la tan ansiada iniciativa que reforma la Ley de Ordenamiento Territorial y Desarrollo Urbano.
Pudiese de entrada parecernos un tema de poca relevancia, sin embargo, esto cambia radicalmente si partimos desde la perspectiva de cientos de fraccionamientos, que por fin encontrarán una ruta ordenada y simplificada para que los fraccionadores puedan hacer entrega de ellos a los ayuntamientos.

