El próximo año podría marcar un parteaguas que defina la relación bilateral de nuestro país con Estados Unidos. En el 2024, tanto los mexicanos como los estadounidenses elegiremos a quien habrá de gobernarnos, en nuestro caso a una nueva o nuevo Presidente, y en el caso de ellos, aunque cada vez más difícil, supone también la opción de una reelección.
Es natural que nosotros estemos volcados más hacia quién habrá de relevar en el cargo a AMLO, al tiempo que nuestros vecinos del norte tienen la mirada puesta en si Joe Biden permanecerá o no otros cuatro años. Andamos pues, como se dice en el argot del deporte ráfaga “cada quien con sus cada cual”.
Sin embargo, debido al histórico vínculo idiosincrático y las relaciones comerciales que existe entre ambas naciones, nos resulta obligado el voltear a ver también cómo pintan las cosas del otro lado del río Bravo.
Como ya lo señalé, de acuerdo a la tendencia de analistas políticos y de la opinión pública en aquel país, se percibe muy difícil el avance de Joe Biden hacia un segundo mandato hasta el 2028.
Y es que además del factor edad y sus complicaciones de salud, el mayor obstáculo al que se enfrenta el actual Presidente de EU en estos momentos, es sin duda el oscuro panorama que se avizora para poder sacar adelante algunas de sus iniciativas en materia de desarrollo económico y de seguridad nacional.
Recordemos que en las pasadas elecciones intermedias de ese país (2022), el electorado decidió darles un voto de castigo a los demócratas y aunque por el mínimo margen de nueve escaños, los republicanos son quienes controlan ahora la Cámara Baja o Cámara de Representantes, que es por donde deberán pasar esas iniciativas en puerta de Biden.
Por si ello fuera poco, quien lidera dicha Cámara es nada menos que Kevin Mc Carthy, uno de los más fieles seguidores de las políticas nacionalistas y antiinmigrantes de Donald Trump. Así que es casi un hecho el bloqueo a las propuestas que pueda presentar el actual Gobierno en materia fiscal y presupuestal.
Este escenario constituiría un eslabón más en la cadena de efectos colaterales que le meterían más ruido a la política migratoria, lo que a su vez exacerbaría aún más las diferencias internas que se viven actualmente sobre ese tema en EU, donde el Gobierno Federal enfrenta la insubordinación de algunos estados radicales como Texas y Florida.
Toda esta situación, que repercute finalmente en México como un tercer país para los solicitantes de asilo en EU, marcará también un cambio en la narrativa de los aspirantes a suceder a AMLO.
Y eso sería porque incluso, aún con la mayoría en la Cámara Alta (Senado) por parte de los Demócratas, es casi seguro que los republicanos lograrán presionar fuerte en diversos temas que atañen directamente a nuestro país, como lo referente al crimen organizado y al tráfico de drogas (sobre todo de fentanilo), así como también en aspectos relacionados a la agricultura y otros rubros inmersos en el acuerdo comercial entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC).
Por todo ello es que las próximas elecciones en EU se tornan también de suma importancia para México, sobre todo ante la eventual llegada al poder de un político que volvería a mover las aguas del sentimiento supremacista y discriminatorio de muchos estadounidenses.
Y aquí no hablo del regreso de Donald Trump, sino de una versión recargada o reloaded como se dice en inglés, en la persona del señor Ron Dion DeSantis, el joven (44 años) Gobernador de Florida. Pero antes claro está, DeSantis tendrá que vencer a Trump en las internas Republicanas, algo que a simple vista se ve muy difícil hoy en día, dada la ventaja que posee Trump en las encuestas.
A pesar de ello, el Gobernador de Florida puede revertir la tendencia en dichas sondeos de opinión, más aún cuando la franja del electorado joven en EU (24-44 años), son quienes podrían convertirse en el fiel de la balanza, no sólo en las internas partidistas, sino en la misma elección constitucional. Y aquí lo que se percibe es la necesidad de un relevo generacional, pues a la mayoría de los estadounidenses no les resulta atractivo ver en las boletas a dos políticos de edad muy avanzada buscando el poder, Trump tiene ya 77 años y Biden 80.
Así pues que la invitación es a voltear a ver el escenario político en nuestro país vecino, máxime que quien puede llegar es un personaje como Ron DeSantis. El mismo que está tomando medidas criminales como la controvertida Ley SB 1718, que entre otras criminaliza a los inmigrantes ilegales y a sus empleadores, y quien además ha demostrado su apoyo a otras medidas todavía más antihumanas, como las boyas flotantes sobre el río y las cercas con filosas navajas que ha mandado colocar en los límites de su frontera el Gobernador de Texas, Greg Abbott.

