Gabriel Yañez Pérez

En todas las administraciones gubernamentales, sobre todo en las estatales, es común que se den cambios constantes en los equipos de trabajo. Esto no es novedad, en todo caso lo que sí llama la atención, son aquellos funcionarios que logran llegar al fin de sexenio. Lo anterior suele tomarse como señal de un buen desempeño, aunque no siempre es así, ya que hay casos donde los compromisos políticos tienen preeminencia a las necesidades y requisitos que exige el cargo.
En el caso del Teniente Coronel Cristóbal Castañeda Camarillo, se puede comprobar que el haber trascendido del Gobierno del Lic. Quirino Ordaz al del Dr. Rubén Rocha Moya, fue simple y llanamente producto de su capacidad y conocimiento en un tema tan complicado como la seguridad pública, en donde ascender puede ser hasta circunstancial, pero mantenerse es realmente una proeza.
Ahora bien, dentro de la administración pública en hay áreas en particular que requieren renovarse cada determinado periodo, siendo de las más ilustrativas aquellas que tienen que ver con el combate a la delincuencia. De ahí entonces que la salida de Cristóbal Castañeda no es de sorprender, toda vez que era necesario cerrar su ciclo al frente de la SSP. Y es que a pesar de los buenos resultados que deja, combatir la diversidad de delitos del fuero común requiere, al igual que los del fuero federal, una constante reestructuración de estrategias o tácticas de inteligencia policial.
Por lo anterior es que, sin negar que ha habido casos donde sí se dan indicios para la especulación, por lo menos en este en particular con la salida del ahora ex titular de la SSP, no existen elementos para especular sobre motivaciones soterradas o secretas.
Por lo pronto, lo más probable es que dentro de muy poco veamos más cambios en el Gabinete del Dr. Rocha, ya que además de los que son consecuencia de las cuentas que debe rendir cada funcionario, vendrán otros más producto de las justas aspiraciones de quienes buscarán algún cargo de elección popular en el 2024. Nada más que sí aclaro, el que dichas aspiraciones sean justas, no significa necesariamente que sean meritorias, es decir, que habrá a quienes valga la pena darles nuestro voto de confianza, pero habrá otros y otras más a quienes hacerlo sería un error, dado el desempeño que ya hemos visto de ello.
¿NO MÁS CUOTAS ESCOLARES?.- Muy controvertida ha resultado la declaración del Gobernador del Estado, en el sentido de que ningún padre o madre de familia con hijos en escuelas públicas, vuelva a pagar las tradicionales cuotas escolares. En este tema hay que entender que, debido a que en la misma Constitución Política del país se ha establecido desde siempre la gratuidad de la educación, es normal y políticamente correcto que los Gobernantes de cualquier nivel llamen a respetarla. Sin embargo, para nadie es un secreto que estas cuotas “voluntarias” son un mal necesario, ya que sin ellas los planteles escolares simplemente colapsarían. Entonces la pregunta sería: ¿hay la posibilidad de prescindir de dichas aportaciones como lo señala el Gobernador?. La respuesta es que sí podría ser una realidad, ya que además de las aportaciones etiquetadas para infraestructura física educativa que comprende el Programa “La Escuela en Nuestra”, hay un nicho al que nadie ha querido entrarle, que son las utilidades que dejan las tienditas escolares, ahora llamadas Establecimientos de Consumo Escolar (ECE). Estas ganancias que obviamente dependen lo grande que sea el plantel y la matrícula que atienden, son suficientes para que, aunado a las aportaciones que hacen los padres de familia (en especie, con trabajo comunitario, como producto de actividades recaudatorias, etc.), se atendieran con suficiencia las necesidades de infraestructura y equipamiento que requieren las escuelas. Recordemos que por Reglamento, al igual que las cuotas escolares, los ECE deben ser administrados exclusivamente por los padres de familia, así que este será un asunto que seguramente será atendido a raíz de lo dicho por el Ejecutivo Estatal.