No hace mucho que en una de mis pasadas entregas (28/11/2023), abordé el tan grave como añejo problema que tenemos en Sinaloa con el uso indiscriminado de agroquímicos, así como las nocivas prácticas de aerofumigación, situaciones que aunadas a la deficiente disposición final de envases vacíos de plaguicidas, representan en conjunto el principal factor de riesgo cancerígeno en la población infantil de comunidades aledañas a los campos agrícolas.
A esto hay que añadirle además las deplorables condiciones en las que viven los jornaleros agrícolas.
Lamentablemente, cada denuncia que se hace sobre estos hechos, han sido hasta hoy como gritos que se pierden en el aire y parecen no entrar a los oídos de nuestras autoridades, quienes a los más que llegan en la mayoría de los casos, es a ser simples voceros de las desgracias que se presentan.
Esto lo acabamos de atestiguar con la intoxicación de una menor de apenas dos años de edad, quien a decir del propio alcalde de Guasave, Martín Ahumada Quintero, fue consecuencia de una exposición a ciertos agroquímicos.
El problema radica en que esas sustancias que de manera criminal se esparcen desde el aire, van dirigidas sí a los sembradíos obviamente, pero literalmente “bañan” también a esa gente que labora en ellos, o a quienes simplemente habitan en las casas o cuarterías contiguas.
Lo más triste de este caso, es que esta pequeña que fue hospitalizada, se suma al de una bebé de tan sólo ocho meses, quien en esa misma cuartería de la sindicatura de Ruiz Cortines, falleció apenas días antes por un severo cuadro de neumonía.
En este como en muchos otros casos, no falta aquel funcionario que busca endosarles culpabilidad a los padres de estos niños, bajo el argumento de supuestamente no seguir al pie de la letra los tratamientos médicos que se les prescriben. Independientemente de que en ello pueda haber algo de razón, la realidad es que sólo basta observar las condiciones de insalubridad y carencias de servicios básicos en los que muchas de esas cuarterías operan, para comprender que estas desgracias se deben principalmente a la voracidad de los empresarios, y en consecuencia a la omisión (si no es que hasta colusión) de las autoridades responsables de hacerles cumplir la Ley.
Por eso es que como sucede con aquellos niños y jóvenes que sobreviven en la pobreza, sobre todo la que observamos en la periferia de las ciudades y en comunidades serranas, en el caso de estos menores hijos de jornaleros agrícolas, su situación e historias nos recuerdan lo invisibles que resultan para una sociedad cada vez más apática e indiferente.
Para quienes viven y conviven en esos guetos llamados cuarterías, la vida es como una escarpada montaña plagada de miseria, violencia y drogadicción, algo similar a lo que cruda y realistamente retrató Luis Buñuel en su icónica película “Los Olvidados” (1950).
Ante esta grave situación que ya ha trascendido hasta incluso organismos internacionales dedicados a los derechos humanos y la protección de la infancia, el día de ayer en su semanera, el Gobernador del Estado, Dr. Rubén Rocha Moya, instruyó inmediatamente la conformación de un equipo interinstitucional, con el único y firme propósito de dignificar las condiciones inhumanas en las que sobreviven los miles de jornaleros agrícolas, que año con año arriban a nuestra entidad.
Además de los apoyos gubernamentales prometidos en materia de vivienda, salud, derechos laborales y de protección civil, merece destacarse el hecho de dentro de estas acciones, se firmarán convenios con los productores agrícolas que contratan a los trabajadores del campo, incluyendo a aquellos que les proveen ese tipo de hospedaje (si es que así se le puede llamar).
Esperemos que ahora sí se le entre a este tema con determinación, a fin de que no se siga permitiendo este tipo de explotación contemporánea.
Y aunque no podemos por supuesto generalizar, ya que hay sus muy honorables excepciones, la percepción social es que son los grandes productores agrícolas quienes finalmente son los que más deben comprometerse (o hacerlos que se comprometan) en la solución de estas injusticias, así digan y repitan ellos lo contrario, como el líder de la CAADES, Marte Vega Román.

