Gabriel Yañez Pérez

Existe una frase o aforismo muy conocido y que le ha sido atribuida a muchos autores (desde el ideólogo José Vasconcelos hasta el actor Woody Allen), la cual textualmente señala; “no sé cuál pueda ser la fórmula para el éxito, pero sí la del fracaso, que es tratar de complacer a todos”.

Es así que en todo proceso de selección o definición, por más que se busque ser incluyente, siempre habrá de quedar por ahí alguno que disienta o se inconforme, por no haber sido finalmente uno de los beneficiados.

Ahora con la definición de candidaturas por parte de los partidos políticos, es natural que se den impugnaciones y reclamos de todo tipo. Sin embargo, el que algunos hagan públicas o lleven al terreno mediático dichas inconformidades, suele en muchos casos llevar implícito intereses particulares o grupales, cuya algarabía no necesariamente es proporcional al impacto que pudiese generar, es decir, que muchos de esos pataleos sólo son para ver que se logra conseguir, y por lo tanto son disidencias medibles y controlables.

Esto es algo que hemos estado viendo últimamente con la criba de candidatos en todos los partidos, pero es en Morena donde por ser el partido a vencer, la efervescencia que se ha generado en ese sentido ha sido más notable.

Esto ha motivado la irrupción de algunos grupos que, desplazados por aquellos a quienes señalan de “arribistas”, se han organizado para salir ante los medios de comunicación y dejar en claro que no apoyarán a tal o cual candidato o candidata.

Sin embargo, esa situación que se ha propagado por varias entidades, parece no inquietar mucho ni a los dirigentes, ni a la misma candidata presidencial de ese partido, Claudia Sheinbaum, a tal grado incluso que hasta justifican abiertamente el por qué han tenido que arropar a muchos neomorenistas.

Algunos de los casos que más ruido han hecho, son por ejemplo los reclamos en Oaxaca, por incluir al ex gobernador priista Alejandro Murat como candidato a diputado plurinominal; los suscitados en Puebla por la designación de José Chedraui a la alcaldía de su capital; así como las consignas en Mérida contra Rommel Pacheco, ex clavadista y hasta hace muy poco también panista, esos sólo por mencionar algunos.

Pero si de medir el impacto de dichas inconformidades e impugnaciones se trata, está claro que no por ser las más ruidosas, significa que sean las más riesgosas.

Y es que si bien son varias las voces que se han escuchado, existen muchas más por todo el país que permanecen en silencio, pero que llegado el momento de la elección (2 de junio), pudieran hacerse valer en dónde más repercusiones tendrían, ya no frente a un micrófono, sino frente a la urna.

Pero como lo señalábamos, esto no parece preocuparles mucho a quienes mandan en Morena, toda vez que hasta su misma abanderada presidencial, señaló recientemente en Puebla que hay fundadores de ese partido que no ganan encuestas, por lo que entonces es necesario incluir a personas que recién se han ido incorporando.

Para ello aludió como era de esperarse, a las famosas encuestas, argumentando que hay que confiar en ellas, por ser la expresión genuina de la voluntad del pueblo.

En cierta forma dichos argumentos pudiesen tener validez, siempre y cuando se demostrara que en verdad se estuvieron haciendo esas encuestas, algo que desde un principio anticipamos sería un ejercicio muy difícil de hacer, debido a la enorme cantidad de cargos en disputa.

Lo cierto es que ya muchos militantes fundadores de Morenas, están pidiendo que se les muestren las dichosas encuestas que validan ciertas candidaturas donde, según señalan, prevalecen muchas dudas tanto de los seleccionados, como de la existencia misma de tales sondeos.

Además de esta desconfianza, se suma la animadversión que reina en las bases de ese partido por los llamados arribistas, que son aquellos políticos veleidosos que antes despotricaban contra AMLO, pero que ahora irrisoriamente resulta que son sus mayores seguidores.

En conclusión, considero que en Morena la confianza se ha transformado en soberbia, a tal grado de ningunear a muchos de quienes sudaron la camiseta, cuando nadie daba un peso por ese partido que, en un lapso de tan sólo diez años, gobierna hoy el 72% de la población total del país (23 estados).

Este escenario prevé que al margen de la Presidencia de la República, las inconformidades que subsisten entre las bases morenistas, bien podrían en un momento dado, manifestarse el día de la elección, no avalando a muchos de sus candidatos.

Y si bien a pesar de su inconformidad, se ve difícil que esa militancia vote por la oposición, lo que sí es factible es que simplemente anulen su voto, al no elegir ninguna opción.

Esto es algo que podría cambiar los escenarios locales, pero en todo caso, si de prioridades se trata, está visto que lo más importante para la 4T, después de la presidencia obviamente, es obtener la mayoría ambas cámaras del Congreso de la Unión (Plan “C”).