Luego de los resultados de la pasada elección donde resultó ganador Donald Trump en EU, comentamos en una de nuestras entregas que muchas de las amenazas del fanfarrón mandatario no eran nada nuevo, pero la diferencia es que ahora vendrían recargadas o “reloaded” (para estar más ad hoc con un anglicismo). Es así como vinieron las primeras ordenes ejecutivas para masificar las deportaciones y obstaculizar los mecanismos preestablecidos de residencia legal. Siguieron luego los acuerdos para aumentar en territorio mexicano la presencia de agentes federales norteamericanos, bajo el manido argumento de acciones de capacitación y coordinación policiales.
Todo lo anterior, incluida la denominación de los cárteles de la droga de México como organizaciones terroristas, no representaban como tal la amenaza verdadera con la que doblegarían por completo al Gobierno de nuestro país. Lo mas serio siempre fueron los aranceles, y por más que la Presidenta Claudia Sheinbaum, como su flamante secretario de economía, Marcelo Ebrard, se esforzaban para hacer creer que tal acción era para EU darse un balazo en su propio pie, las cifras económicas reales nunca dieron para hacer creíble esa versión.
Desde que se dio el anuncio formal de los aranceles por la Casa Blanca, la primera reacción de la Presidenta Sheinbaum el 28 de enero fue la negación, señalando tajante un “no creemos que se concrete la amenaza de imponer esos aranceles”. Luego que vieron lo inevitable, surgieron las declaraciones del Subsecretario de Hacienda, Edgar Amador Zamora, quien trató de minimizar la situación al decir que “el tema de la sequía y el cambio climático, al menos en este momento es tan severo o más que algún arancel”.
Después siguió el turno de Marcelo Ebrard, quien en una de las mañaneras hizo una explicación muy básica y a todas luces inducida, para ejemplificar que la imposición arancelaria por un 25% sería un “error estratégico para EU”, ya que impactaría a ese país por millones de dólares en los productos que importan de México. Sólo que a Ebrard le faltó el pequeño detalle de dimensionar la abismal diferencia en la balanza comercial bipartita, la cual refleja el contraste entre el 17% de sus exportaciones a México, contra el 83% que representa para nuestro país, lo que nos ha vuelto dependientes y desiguales en esa relación comercial.
En el 2024, el comercio bilateral entre México y Estados Unidos alcanzó los 861 mil millones de dólares, lo que si bien convierte a México en uno de los socios comerciales más importantes de EU, la enorme diferencia estriba en lo que exporta uno hacia al otro en términos de su propio Producto Interno Bruto, representando para nosotros cuatro veces más de lo que les representa a ellos.
Ante estos datos duros, vinieron enseguida filtraciones ajenas al Gobierno Mexicano pero obviamente financiadas por éste, con reportajes de especialistas alentando la absurda idea de “ponernos contra Sansón a las patadas”.
Con ese fin se habló de las afectaciones que tendría EU si México decidiera también imponer sus aranceles, exponiendo supuestas afectaciones a refinerías estadounidenses en caso de un corte en el suministro de petróleo por parte de México, algo a todas luces incierto. Además, se desmenuzaron algunas actividades económicas no sustantivas para EU, focalizadas particularmente en la industria automotriz en Michigan y en productos agrícolas en California.
Sin embargo, fue el próximo Secretario de Comercio norteamericano, Howard Lutnick, quien dio la nota final al proponer un enfoque país por país, para abordar lo que EU considera desequilibrios en el T-MEC, en migración, y en el trasiego de estupefacientes como el fentanilo. “Los aranceles propuestos son una herramienta para lograr estos objetivos, pero su implementación dependerá de la capacidad de México y Canadá para cumplir con las demandas de seguridad fronteriza.”, (Lutnick).
Finalmente y como una especie de corolario que puso el punto sobre las íes a todas estas controversias de los aranceles, fue la estimación de La firma Standard & Poor’s (S&P), donde pronosticó para este mismo año una devaluación del peso mayor al 12%, así como la inevitable tendencia a una recesión de la economía mexicana, producto de esa dependencia comercial casi exclusiva que hemos construido con EU.
Pero incluso después de que Karoline Leavitt, secretaria de prensa de la Casa Blanca confirmara el inicio de los aranceles a partir del pasado primero de febrero, minimizando cualquier riesgo para ellos como un aumento inflacionario; el día de ayer amanecimos con los “logros” de la conversación Sheinbaum-Trump, donde lo evidente es cómo el magnate norteamericano logró su cometido con el tema arancelario: doblegar a México a cambio de una bocanada de aire.
Pero a diferencia de cómo lo vimos en el pasado con aquel despliegue militar en la frontera sur para retener la migración, ¿alguien cree que a Trump le bastará la asignación de 10 mil elementos de la GN a la frontera norte para frenar ya no sólo a migrantes, sino también el fentanilo?.
Los verdaderos acuerdos y concesiones de estas negociaciones apenas están por verse.

