Gabriel Yañez Pérez

Mucho se ha abordado la discusión sobre si más que una era de cambios, estamos más bien en un cambio de era, donde la conectividad y la digitalización de cualesquiera de los procesos que rigen nuestras vidas, ha ido ensanchado la brecha intergeneracional. Es así que para quienes encuadramos en la generación X, es decir, los nacidos entre 1965 y 1980, y ni se diga más atrás con los llamados Baby Boomers, las expectativas que nos generábamos como proyectos de vida, oscilaban entre la estabilidad económica, el arraigo familiar y un sentido de pertenencia social.

Hoy en día, nuestros jóvenes con argumentos más que válidos, visualizan el mundo entero como un gran país, uno donde sus fronteras son como niveles en esos videojuegos de computadora, donde el objetivo siempre será superar los más que sean posibles. Con esta visión es como las nuevas generaciones, hambrientas de nuevas experiencias, desean ansiosamente, como en su momento también lo hicimos nosotros y quienes nos antecedieron, “comerse al mundo” de un sólo bocado; sólo que ahora la diferencia es que el mundo literalmente tiene cabida en la palma de sus manos.

Para ellos y ellas (los jóvenes), todo lo que no comulgue con su deseo de trascender allende de sus fronteras, son atavismos o posturas anquilosadas que no tienen cabida en esta nueva era, una que ha sido confeccionada para ellos, es decir, para los nativos digitales.

Por lo tanto, el trabajo de ellos es y será exclusivamente progresar y trascender a otros escenarios, y como padres nuestra obligación es simplemente ayudarlos a que lo logren, aún cuando ello suponga irremediablemente caer en ese conocido estado de soledad conocido como “síndrome del nido vacío”.
Por todo ello es que esta dinámica de migración juvenil, es ya todo un fenómeno global que trasciende clases sociales, religiones y costumbres. Tan es así que según datos de la ONU, del total de migrantes internacionales hoy en día, los cuales por cierto alcanzan ya el 10% de la población mundial, casi el 40% la componen jóvenes entre los 15 y 34 años de edad, lo que nos demuestra cómo se ha ido dando una sustitución sostenida de aquel grupo etario de más edad, quienes mayoritariamente con poca o nula preparación, migran al exterior exclusivamente por cuestiones de pobreza.

Ahora bien, si a todo lo anterior le sumamos que las condiciones laborales en el país se encuentran estancadas, y más aún en estados como el nuestro en donde tenemos serios problemas de inseguridad; por más que nos duela verlos partir, no hay mejor decisión que apoyar a nuestros hijos o hijas, cuando en ellos se haga presente ese deseo y necesidad de emigrar hacia otros horizontes.

LA ETERNA HIPOCRESÍA DE NUESTROS VECINOS.- Con todo el alboroto mediático que generó el reportaje publicado por el periódico New York Times (NYT), sobre la supuesta “cocina de fentanilo” clandestina, en Culiacán, Sinaloa, lo que volvió a quedar en evidencia es la doble moral de las autoridades norteamericanas.

Y es que a nuestros vecinos del norte, les cayó como balde de agua fría las declaraciones de nuestra Presidenta Claudia Sheinbaum, quien al desestimar la veracidad de dicho reportaje, dijo lo que siempre había sido un secreto a voces, pero que en la diplomacia bilateral (México-EU) estaba prohibido o vetado de decirlo abiertamente.

Me refiero al hecho de que la mandataria nacional cuestionó si es acaso creíble que en EU, no se dé también la producción de opioides sintéticos como el fentanilo. Esta simple pregunta formulada intencionalmente con cierta ingenuidad, conlleva también un mensaje dirigido a la todavía titular de la DEA, Anne Milgram, quien recientemente informó que su principal prioridad operativa será el combate de los cárteles mexicanos, específicamente el de Sinaloa y el CJNG.

Y es que al margen de la ineludible necesidad de combatir al crimen organizado que opera en nuestro país, la realidad es que esa agencia (DEA) ha perdido credibilidad ante el mundo, debido en gran medida por la ausencia de acciones dirigidas a las células criminales norteamericanas, que también son cárteles, que también son dirigidas por capos, y que son finalmente quienes mueven la droga que se exporta no nada más de México, sino de muchos otros países.

SALUTACIÓN.- Empezamos un nuevo año y ante tal bendición, quiero en primer lugar amables lectores y lectoras, desearles que si tiene salud la preserven y si no es así, que pronto la recuperen. Ya con ello podrán venir entonces todos esos proyectos y cosas buenas que están esperando concretar este 2025.

¡MUY FELIZ AÑO PARA TODOS!