Las alianzas electorales llegaron para quedarse. Son la realidad política que sobrevino a la terminación del “régimen hegemónico” (Sartori dixit) priísta, herido electoralmente en la controvertida elección presidencial de 1988 y sancionado con la pérdida de la mayoría parlamentaria en la Cámara de Diputados en 1997, que incluyó su derrota en la primera elección de jefe de gobierno de la Ciudad de México en ese mismo año, donde resultó electo el ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas.

En el panorama democrático actual, es difícil imaginar el triunfo electoral de un partido que compita en solitario, aunque no es imposible. Hoy es natural observar que la competencia se presente ya no entre partidos sino entre coaliciones. En 2018 por ejemplo, compitieron por la presidencia tres coaliciones, cada una conformada por una triada de institutos políticos (Morena-PT-PES, PAN-PRD-MC y PRI-Verde-Panal).

Legalmente, las alianzas políticas interpartidarias se materializan a través de dos figuras muy tradicionales en la jerga electoral: la coalición y la candidatura común. Esta última derogada en la legislación federal pero incorporando su principal característica (la individualización de los logos) en la definición única de coalición. Sin embargo, es importante comentar que a nivel local la figura de candidatura común sobrevive todavía en muchas entidades federativas, incluido Sinaloa.

Esta libertad configurativa está contemplada en la propia Ley General de Partidos Políticos, en su artículo 85 referido a los frentes, coaliciones y fusiones:

“Los partidos políticos, para fines electorales, podrán formar coaliciones para postular los mismos candidatos en las elecciones federales, siempre que cumplan con los requisitos establecidos en esta Ley. . . Es facultad de las entidades federativas establecer en sus Constituciones otras formas de participación o asociación de los Partidos Políticos con el fin de postular candidaturas distintas a las señaladas en esta Ley. Los emblemas de los Partidos Políticos aparecerán por separado en las boletas electorales de la elección de que se trate.”

Esta última expresión, referida a la separación de los emblemas partidistas en las boletas electorales, ha privado desde el 2008 para conocer con certeza la aportación que hace cada partido a una candidatura, pues antes de ese año se podía convenir un “traslado de votos” y administrativamente garantizarle un mínimo de votación a los partidos involucrados. Lo cual para muchos traicionaba la voluntad de los electores y se prestaba a un mercadeo electoral ilegítimo.

A mediados del 2008 la Suprema Corte tomó cartas en este asunto e invalidó (por unanimidad) del antiguo Código Federal de Instituciones y Procedimientos Electorales la llamada “cláusula de vida eterna”, mediante la cual “se permitía que un partido político le regalara votos a uno o más de sus aliados de minoría para que sobrevivan y conserven su registro” (El Universal, 03/Jul/2008).

Hoy día, como ocurre en Sinaloa, pueden coexistir a nivel local las figuras de coalición y candidatura común, pero en los hechos son muy similares y ambas respetan el criterio de la Suprema Corte de 2008 referido a la separación de los emblemas partidistas cuando postulan conjuntamente una candidatura.

Existen casos excepcionales, como el reciente del Estado de México, que en el caso de esa elección solitaria a la gubernatura todavía permite un solo emblema para la alianza, verbi gratia la candidatura de la maestra Delfina Gómez, que para enredar aún más los conceptos, firmaron un “convenio de candidatura común” (Juntos hacemos historia en el Estado de México) arropada bajo un solo emblema que incluía a Morena, Verde y PT, acordando lo siguiente:

“De los primeros nueve puntos porcentuales de la Votación Valida Emitida que obtenga la Candidatura Común los primeros tres puntos porcentuales serán acreditados a MORENA, los siguientes tres puntos porcentuales serán acreditados al Partido del Trabajo y los últimos tres puntos porcentuales serán acreditados al Partido Verde Ecologista de México, posteriormente por cada punto porcentual adicional que obtenga la Candidatura Común, le corresponderá el 73.5% a MORENA, EL 10.25% al Partido del Trabajo y el 16.25% al Partido Verde Ecologista de México.”

¿Este acuerdo viola el criterio de la Suprema Corte? De acuerdo a la autoridad electoral local, no; pues los porcentajes de votación que resulten del convenio no tendrán ningún efecto en el monto de las prerrogativas ni en la conservación del registro legal y no está en juego representación proporcional alguna, pues dichos conceptos se vinculan a la elección de diputados locales, no celebrada en esta ocasión.

En el caso del Partido Sinaloense (PAS) hemos competido tanto solos como coaligados. Son experiencias distintas y en ambas hemos sido competitivos. En 2013 yendo solos tuvimos la votación más alta (14.03%) para un partido debutante en la historia de México y en 2021 en candidatura común con Morena contribuimos a generar la alternancia en la gubernatura del estado.

Rumbo al 2024 nos estamos preparando con todo para competir con candidatos propios, pero sabedores de que la política también es estrategia, estamos abiertos a explorar cualquier alianza. Hasta ahora partidistamente hemos tenido un aliado preferente y trabajaremos con todo para que nuestra carta, Adán Augusto López, sea el relevo del presidente Andrés Manuel López Obrador.

Tenemos muy claro que la democracia es un régimen con certidumbre en las reglas (electorales) pero incertidumbre en los resultados. Un formato político donde no hay derrotas definitivas ni victorias para siempre. Donde los ganadores de hoy pueden ser los perdedores de mañana y viceversa.

En México desde que se naturalizó el cambio y la real competencia electoral (1997), hemos tenido alternancia en tres de las últimas cuatro elecciones presidenciales. Esta proclividad moderna de los mexicanos por la alternancia y menos por la reelección también la estamos viendo en las gubernaturas. En este contexto de exigencia ciudadana, cualquier coalición si quiere ser exitosa requerirá de aliados estratégicos que no sólo sumen votos, sino también algo igual de importante: activismo, promoción, entusiasmo y buenos resultados. Y en el PAS, el trabajo lo hacemos antes. Como siempre, estamos preparados con la mejor estructura y trabajando de la mano con la gente los 365 días del año.

Excelente inicio de semana.