Gabriel Yañez Pérez

En una ocasión, participando en un programa de análisis político, no mucho después de que en el 2022 se aprobara en nuestro estado la despenalización y legalización del aborto, comentaba cómo fue que en un café que está ubicado cerca de la preparatoria central de la UAS, escuché sin quererlo la plática de dos jovencitas que, a su escaso entender de las reformas aprobadas, charlaban sobre lo que para ellas eso significaba.

Después de intercambiar opiniones, la impactante conclusión a la que llegó una de ellas, fue como una lapidaria advertencia de lo que ahora está pasando.

Recuerdo que aquella jovencita, cerró finalmente el diálogo con su compañera, asegurándole que “ahora ya no será tanto pedo abortar si llegas a quedar embarazada, o sea que si quedas, nomás abortas y ya”.

En lo particular no soy una persona muy conservadora que digamos, por el contrario, siempre he sido de una mentalidad abierta y sin ataduras a muchos de los prejuicios que, propios de nuestra idiosincrasia, arrastramos ancestralmente.

No Sin embargo, en este tema del aborto en particular, siempre mantuve como argumento que la visión de los legisladores era muy corta y se estaban dejando llevar por las presiones del momento, “sacando ese pendiente para estar a tono” dijo en aquel entonces por ahí una diputada, como si ello fuera una moda a seguir.

Las reformas en ese entonces aprobadas, relativas al Código Penal, la Ley de Salud, Código Familiar, Código Civil y Ley de Acceso de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia, todas del Estado de Sinaloa, si bien mantuvieron la llamada objeción de conciencia (como un derecho del médico), no sólo despenalizaron el aborto, sino que también lo legalizaron, es decir, que igual se legisló para que el eufemismo usado como Interrupción Voluntaria del Embarazo (IVE), fuera por Ley una práctica segura para la madre, condiciones a las que quedó obligado el Estado proveerlas.

Una de las discusiones más fuertes en los debates sobre estas reformas, fue el periodo para considerar legal el aborto, quedando este sujeto a las 12 semanas de gestación, tal como lo había venido recomendando la Organización Mundial de la Salud (OMS), para que éste sea en todo caso considerado seguro, donde su práctica se realice bajo condiciones que no pongan en riesgo la salud de la mujer o persona gestante.

Dichas recomendaciones son en cierta forma unilaterales, ya que nunca pondera en ellas, el hecho de que tal periodo implica una avanzada etapa de gestación del feto y de todo lo que eso significa.

De cualquier manera, mi propósito en todo caso no es caer en el irreconciliable debate entre postura radicales y contrarias, como las que se siguen dando entre el ala católica y aquellas de organizaciones feministas como GIRE u otras.

Mi objetivo aquí es más bien generar reflexión en la ciudadanía y un llamado de atención a las autoridades.

Lo primero, motivado por esa ligereza con la que ahora vemos se tomaron las reformas de marras, y aquí entra lo segundo, que es la ausencia de una presión social para que a la par de la legalización el aborto, se instrumentasen igualmente estrategias o acciones mucho más efectivas para informar, educar y hasta disuadir a los jóvenes, en temas sobre la sexualidad responsable, las consecuencias de los embarazos a temprana edad y la implicaciones del aborto.

Y es que hasta la fecha lo que hemos visto son campañas institucionales sumamente insulsas o anodinas, que son fácilmente neutralizadas por la excesiva sexualización o erotización a la que están expuestos nuestros niños y jóvenes, dada su cada vez más creciente adicción al internet y las redes sociales.

Consecuencia de lo anterior es el aumento de relaciones sexuales a muy corta edad, lo que ha repercutido a su vez en una alta incidencia de ETS (Enfermedades de Transmisión Sexual) y embarazos no deseados.

Haber despenalizado y legalizado el aborto sin las debidas medidas o estrategias de socialización y sensibilización sobre todo lo que a ello le rodea, fue dejar ese tema expuesto y sujeto a conductas irresponsables, como el de aquella muchacha a la que me tocó escuchar.

Y son esas expresiones y mentalidad juveniles las que están terminando por distorsionar los argumentos de quienes impulsaron dichas reformas, sobre todo si consideramos que ya existían atenuantes muy válidas que justificaban en un momento dado tal decisión (casos de violación, malformaciones congénitas y riesgos de mortalidad materna, entre otros).

Todo esto viene finalmente a colación por la declaración del Director del Hospital de la Mujer, Médico José Arturo Figueroa Camacho, al señalar que los abortos en adolescentes están aumentando cada vez más, ya que en acatamiento a la legislación vigente “cuando llega una adolescente, no se le cuestiona el por qué quiere interrumpir su embarazo, simplemente se procede a atenderla y hacer el procedimiento correspondiente”…en pocas palabras, si la adolescente se embaraza, pues nomas aborta y ya.