Salvador I. Reding Vidaña
Hay campos en la historia, demasiados quizá, en donde la mujer casi no aparece, o lo hace como pareja del varón. Pero las cosas están cambiando. Los mundos de la empresa y de la política siempre han tenido una puerta ancha para el varón y una muy estrecha para la mujer, pero por el esfuerzo de muchas de ellas y también de varones que defienden la equidad de oportunidades, esas puertas se van emparejando, lenta pero firmemente.
En el caso del gran empresariado, las mujeres que han destacado son muy pocas, y en general lo han logrado tras desmedidos esfuerzos frente a los varones. Pero hay que guardar proporciones. Cuando se habla de mujeres empresarias se habla de grandes empresas a su cargo, o al menos empresas medianas-mayores, que sean conocidas por su dirección en el mundo ejecutivo.
Hay una figura clásica ya de mujer-empresaria exitosa, así como “socialité”, caso realmente excepcional. Lo fue “Coco” Chanel, la única mujer diseñadora que en algún momento la revista Times incluyó entre las 25 mujeres más influyentes del siglo XX. En la mayoría de los casos, las mujeres altas ejecutivas llegaron a serlo por su desempeño, al escalar la pirámide ejecutiva de los negocios.
Mujeres llegaron también, por méritos propios, a dirigir y actuar como empresarias en negocios de familia, en la dirección general, o en consejos de administración, como Ana Patricia Botín, quien preside el consejo de administración del banco dominado por su familia, Santander, en España. En México, María Asunción Aramburuzabala es una destacada empresaria, heredera de una tradición empresarial de su abuelo y su padre, pero con sus propias habilidades.
Todo eso en el mundo de la gran corporación, pero en la micro y pequeña empresa, las mujeres están presentes en mayor proporción, pero de eso no se habla. Pequeños y hasta medianos negocios, tienditas, fondas, mercerías, papelerías, lavanderías y planchadurías son administradas por mujeres. Pero indebidamente en este caso, no se les considera “empresarias”, y sin embargo lo son. Los mercados populares están llenos de “dueñas” que manejan sus “puestos”.
En negocios de servicios especializados, hay mujeres empresarias que en compañía de colegas varones fundan y hacen crecer negocios, como en el mundo de la publicidad y relaciones públicas, o en negocios de sistemas y hasta en consultoría diversa. En el periodismo o en la medicina, las mujeres han luchado mucho para tener posiciones destacadas, pero las hay. En el mundo de la academia privada, que en realidad son negocios, también hay mujeres destacadas en cargos de dirección.
La cada vez mayor inscripción universitaria de mujeres, nos hace ver que las profesionistas podrán ir aumentando su número en posiciones realmente empresariales, y con la orientación universitaria de formar empresarios más que futuros empleados de otros, el mundo verá cada vez más mujeres empresarias en negocios medianos y grandes, de las que quizá sean sus fundadoras.
Pero en la micro y pequeña empresa, es importante la promoción oficial y privada del empresariado femenino. Es una tarea que cada vez se va haciendo más evidente. Hay esfuerzos en este sentido, pero son aún muy pocos. Las mujeres jefas de familia necesitan el autoempleo en actividades económicas que ellas mismas inicien y dirijan.
El mundo de la política es diferente en algunos aspectos. Pero no ha dejado de ser un mundo dominado por los varones, quienes parecen “tolerar” en general el ascenso de las mujeres. Tan es así, que las que llegan a los altos mandos en el mundo son bien conocidas por ser unas cuantas, en especial quienes han sido o son jefes de estado. La dirección de los grandes organismos internacionales es un mundo de varones, desde la ONU hasta los regionales.
Pero en general, en México las mujeres ocupan muchas posiciones de poder en partidos políticos, o son diputadas y senadoras, o presidentes municipales. ¿Pero gobernadoras? Sólo unas cuantas, varias electas y una por sucesión legal en el Distrito Federal. Griselda Álvarez, quien gobernó Colima, fue la primera gobernadora en el país, y ya después varios estados han tenido y tienen gobernadoras.
En el mundo legislativo, nacional o estatal, sí han destacado mujeres en muchas ocasiones, tanto por su participación, como en el ejercicio de cargos en el senado o en las cámaras de diputados.
La mayor participación en política partidaria de mujeres les ha ido dando más y más posiciones de poder, pero en general en cierta desventaja frente a los varones. Aquí también parecen ser “toleradas” por algunos colegas hombres.
La actual legislación de igualdad de género en México para las candidaturas, que deben ser 50-50 por ciento de varones y mujeres, dan a éstas más oportunidades de tener puestos de elección popular en los congresos locales y el federal.
Dentro de un mundo político que a través de los siglos ha mantenido a las mujeres en segundo lugar, salvo las reinas por derechos de familia (caso clásico, Isabel II de Inglaterra), la igualdad de oportunidades, en los negocios y en la política, tiene aún mucho camino por recorrer, pero lo ya ganado es muy importante, y da experiencia para que cada vez haya más mujeres cabezas de empresa y dirigentes políticas.

