Gabriel Yañez Pérez

En tres días más se llevará a cabo la tan llevada y traída consulta sobre la Revocación de Mandato, mecanismo en la que los mexicanos decidiremos, primero si queremos votar, y segundo si queremos refrendar o invalidar el mandato del Presidente hasta su conclusión constitucional.
En este sentido, más allá de las pasiones que desata la efervescencia política de este plebiscito revocatorio (o ratificatorio como desee Usted tomarlo), donde para unos es una muestra de convicción democrática y para otros una farsa populista; lo que nadie puede negar es que este mecanismo de participación ciudadana es ante todo una forma de democracia participativa que se instrumenta por primera vez en la historia de los gobiernos civiles en nuestro país. Aclaro lo del tipo de gobierno por aquello de que durante uno de los periodos de Gobierno del dictador militar Antonio López de Santa Anna (1854), éste llevo a cabo una consulta similar para ratificar su mandato.
Así pues, esta consulta del próximo 10 de abril se ha diluido en posturas encontradas por parte de los seguidores y de los críticos al Presidente, quienes han estado exhortando a la gente a salir a votar o a bien a desistir de ello, pero sin más argumentos ideológicos de peso que los que evidencian el simple convencimiento o la animadversión que existe hacia el gobierno de la 4T.
De hecho, algo que me resulta incomprensible es el proceder de la oposición en nuestro país, la cual dilapidó un valiosísimo tiempo que bien pudieron usarlo en socializar su postura en contra con argumentos sólidos y no simplemente en descalificarla per se.

Lo anterior sorprende aún más cuando escuchamos a los dirigentes de algunos partidos políticos opositores, quienes hacen su llamado a no acudir a las urnas para lograr una ínfima votación que, a manera de rechazo social, invalide su resultado final.
Creo que lo más sensato (pero menos pragmático políticamente) para la oposición hubiese sido el buscar incentivar el voto revocatorio o de rechazo, sobre todo cuando ha sido el mismo AMLO quien en repetidas ocasiones ha señalado que si la votación no le es favorable, él renunciaría al cargo aun y cuando no se logre el porcentaje requerido del 40% (de la lista nominal de electores), que se ocupa para que dicho plebiscito sea vinculatorio.
Con este pronunciamiento del Presidente, se hace patente la esencia del pensamiento del filósofo inglés Thomas Hobbes, quien si bien no fue un liberal por sus ideales autoritarios donde destacaba las virtudes de la monarquía como la mejor forma de gobierno (para someter al hombre de su estado natural a un pacto social), si sentó las bases del liberalismo al señalar que es el pueblo quien decide ser gobernado por el monarca y en caso de no cumplir éste su funciones, entonces el pueblo está en todo su derecho de rebelarse.
Es así entonces que dentro de tres días más, estaremos en libertad de decidir si deseamos o no que AMLO siga en el poder, y del resultado que se dé, tenemos la palabra (comprometida públicamente) del mismo Presidente de aceptarlo, sin importar el número de sufragios emitidos. Entonces, la pregunta sería: ¿Por qué la oposición no aprovechó para convencer más que para denostar?, más aún cuando tuvieron la ventaja de poder hacer una campaña seria y en forma según sus propósitos, ya que para el lado oficial (gobernantes y funcionarios) existen limitantes legales impuestas por el INE que, como se ha visto, les han obligado a no realizar acciones de corte propagandístico.
La oposición se vio otra vez rebasada y de una estatura tan baja que hasta al propio Presidente le queda a deber, pues un Gobierno se legitima mejor cuanto más fuerte es su oposición.

En cuanto al gobierno estatal, otra de las premisas de Thomas Hobbes quedó descubierta con lo revelado ayer por el mismo mandatario, Dr. Rubén Rocha Moya, quien hizo pública la red de espionaje instalada tanto en su despacho como en el de otros secretarios, de la cual señaló fuego amigo y complicidades internas. Está pues más que claro que aquella frase de que “el conocimiento es poder” que describió Hobbes en su obra “De Homine” (Sobre el Hombre) y que campea como esencia de la necesidad de un poder totalitario y aglutinante, a lo largo de su obra cumbre “Leviatán”, es una máxima que se ha seguido por siglos en el quehacer político y que por tanto no puede serle ajena a un hombre con la estatura y formación políticas como la que ha acumulado el Dr. Rocha.

Es por esa razón quizá que el mismo mandatario estatal aseguró que no iniciará una investigación o cacería de brujas para dar con los responsables, pues al espionaje se le neutraliza con el contraespionaje, y el Gobernador debe ya tener todos los elementos en la mano para saber por dónde viene este fuego amigo y cómo, en su momento, habrá de extinguirlo.
La política es y será siempre de circunstancias, de coyunturas y de momentos, por lo que hay que saber cuándo actuar y cuándo esperar. Eso seguro lo sabe bien el Gobernador, así que quien esté detrás de todo esto, seguramente pronto verá las consecuencias.