La hoguera

Gabriel Yañez Pérez

En la actualidad y después de toda esa manida retórica discursiva de los políticos, la realidad es que, con el paso del tiempo, como sociedad civil hemos sucumbido ante el juego perverso de los gobiernos, donde la participación ciudadana ha caído en el garlito de las autoridades cuya estrategia es su atomización. A través de una infinidad de consejos y comités, más que lograr influir en las decisiones públicas, éstos son usados a modo por los gobernantes como simples mecanismos de legitimación.

Sabemos que para todo y en todos lados existen consejos ciudadanizados, algunos incluso cuya única función es la integración de otro consejo. Con esta saturación de órganos colegiados de los que el ciudadano común poco o nada sabe, sólo se genera más burocracia que termina por minar su esencia como verdaderos contrapesos del poder. De este modo, los espacios de expresión social a los que el sociólogo alemán Jürgen Habermas denominó “esfera pública”, han sido atomizados de tal forma que su papel como interlocutores y demandantes de políticas públicas eficaces, ha quedado reducido a espacios ornamentales que sólo sirven de comparsa. Ante este escenario de simulación y engaño, hablar de democracia participativa y de su transición incluso a un esquema deliberativo, nos resulta impensable y se concibe más como una entelequia aspiracional que estamos lejos de alcanzar, pero que al igual que la gobernanza y la inclusión, son conceptos que forman parte del nuevo vocabulario de la clase política.

Y es que fuera de ese segmento al que suele llamársele círculo rojo, integrado por la clase política, analistas y dueños del poder (político y económico), donde se debaten a fondo temas que muchas veces son ajenos al grueso de la población, existe una contraparte que es el ciudadano de a pie, ese ciudadano común que evidencia un desconocimiento de las funciones y utilidad que representan algunos (o muchos) de esos órganos colegiados, que al paso de los años se han ido creando para supuestamente fortalecer la presencia y la participación de la sociedad civil. Ahí están por ejemplo los espacios de participación social que existen para rubros de suma importancia como el combate a la corrupción y la inseguridad. Habría que preguntarles a las personas en la calle si tienen conocimiento sobre algunos de estos organismos ciudadanizados como el Consejo Estatal de Seguridad Pública y las atribuciones que le corresponden dentro del Sistema Estatal de Seguridad Pública. O también está el caso del Comité de Participación Ciudadana del Sistema Local Anticorrupción, donde incluso para su conformación se elige primero a otro comité o consejo ciudadano llamado Comisión de Selección.

Como respuestas encontraríamos que la falta de socialización de dichos espacios de participación genera un desconocimiento tal que mueve a la incredulidad de la gente, algo que abona a la desconfianza que de por sí ya existe sobre las instituciones formales del gobierno, factores que contribuyen a profundizar esa desafección política que vivimos y que hace pensar a muchos que la única forma efectiva de intervenir en el poder público es mediante el voto.

La única manera de desterrar esa creencia y devolverle a la sociedad la confianza en los organismos ciudadanizados sería, como bien lo señaló en su momento el propio Habermas, facilitando su espontaneidad, autoregulación y acción comunicativa. Si por el contrario, dichos factores que apalancan la participación social quedan supeditados a juicio de quien detenta el poder, siempre estará latente la tentación de distorsionar y manipular la opinión pública, algo que el mismo Habermas bautizó metafóricamente como refeudalización , que es lo que sucede con todos esos organismos denominados ciudadanizados que crean los gobiernos para darle juego o privilegios a la iniciativa privada y/o a ciertos grupos de presión, a cambio de un respaldo público que los legitime socialmente.

Ojalá que dentro de la política de transparencia y rendición de cuentas que ha anunciado el Gobernador Rubén Rocha Moya, se dé como parte de ello un proceso de reivindicación de la esfera pública que logre darle mayor claridad y funcionalidad a los espacios de participación ciudadana que existen, sobre todo en aquellos casos a los que se les asignan grandes cantidades de recursos públicos.

ACERTADOS NOMBRAMIENTOS.- No se equivocó el Gobernador Rubén Rocha en darles una oportunidad laboral a grandes amigos comunicadores que poseen de sobra talento para desempeñarse en el servicio público, como ejemplos están las designaciones de Edgar Paúl Villegas en el Sistema de Radio y TV sinaloenses; Andrés Villarreal en la Coordinación de Asesores de la SEPYC Y Victor Rochín dentro de la Coordinación de Comunicación Social. ¡En horabuena!