Todo un alud de notas y opiniones se han vertido sobre el conflicto surgido entre la SEPyC y el SNTE 53, donde todo parece indicar que esto es apenas la punta del iceberg, y que la verdadera pugna tiene alcances mucho más profundos donde, incluso, se habla de procesos judiciales contra conocidos personajes que han hecho y deshecho a su antojo con ese coto de poder sindical. En estos momentos, a escasos seis días de que se hiciera público el rompimiento del “líder” magisterial contra la parte patronal, es decir, la dependencia responsable de la política educativa en la entidad, lo interesante del tema (y quizá lo más sustancial) es ponderar lo que la base trabajadora de este gremio piensa de todo esto.
Y es que nivel general, esta confrontación no sólo ha parado orejas entre quienes pertenecen o son sindicalizados a esta sección del SNTE, sino que debido al copioso seguimiento mediático que se le ha dado al tema, éste ha ido escalando rápidamente en el debate público, de modo tal que goza ya de un interés generalizado dentro de la sociedad.
Aprovechando esta situación, desde que estalló el conflicto he tenido la oportunidad de platicar acerca de ello con muchos amigos que pertenecen al sector magisterial, ya sea como profesores o como personal de apoyo a la educación. A final de cuentas, estos trabajadores son quienes le dan sentido y razón de ser a ese sindicato que hoy los agrupa y a los que se supone debe su existencia como una instancia defensora de sus derechos y prerrogativas.
Pero entonces, ¿cómo percibe y cuál es la posición de la base trabajadora frente a este choque entre la parte patronal y quien ocupa su representación sindical?. Para empezar, digamos que lo que les queda muy claro es que la voz del Secretario General de la Sección 53 del SNTE, Fernando Sandoval, no representa en lo más mínimo el sentir de la mayoría de sus agremiados quienes, dicho sea de paso, lo perciben como un dirigente espurio, toda vez que su periodo estatutario venció hace bastante tiempo pero que, so pretexto de la pandemia, ha logrado postergar su relevo. En segundo lugar y al margen de las declaraciones de los funcionarios públicos involucrados y de lo que han plasmado los columnistas y analistas políticos; los trabajadores de este gremio ven con muy buenos ojos que por fin se le pueda llegar a poner un alto a ese corporativismo fascista que por décadas ha ejercido el SNTE, donde la base trabajadora siempre ha sido vista como moneda de cambio (clientelismo electoral) y sus demandas usadas como bandera para el chantaje, la presión y el lucro políticos. Esas inercias a las que los líderes sindicales se han quedado acostumbrados, como ya lo expresó el propio Gobernador del Estado, Dr. Rubén Rocha Moya, las conocen muy bien la base trabajadora, quienes dicen estar hastiados de ellas por lo ignominioso e ilegal que resultan, como el hecho de que para lograr entrar o ascender dentro del Sistema Educativo, se le tenga que rendir pleitesía al líder sindical y, en algunos casos, hasta demostrarles algo que no necesariamente tiene que ver con su preparación profesional.
Ante este escenario, queda de manifiesto que en esta careada quien tiene el respaldo de la mayoría de los sindicalizados, no es precisamente su actual dirigencia, sino la parte patronal que representa el Gobernador y su titular de la SEPyC, Graciela Domínguez Nava. En esto puede haber definitivamente muchas lecturas, pero una de ellas y que la sociedad ya tiene muy en claro, es que este rompimiento anunciado por Fernando Sandoval (el cual quiso disfrazarlo como una inconformidad por una plaza administrativa menor asignada por la SEPyC en Mocorito), no obedece en ningún sentido a una defensa legítima de sus agremiados . Lo que sí ha quedado claro en la opinión pública es la desesperación en que está cayendo el grupo de poder comandado por Daniel Amador, al ver amenazados los privilegios y prebendas que por tantos años han mantenido y que les han redituado enormes ganancias económicas, las cuales no precisamente se deben a las remuneraciones recibidas en sus plazas de maestros, por más recategorizaciones escalafonarias que hubiesen podido alcanzar.
Y como dicen que el pez por su boca muere, ahí quedan las declaraciones hechas por el mismo Fernando Sandoval y sus empleados, quienes sin el más mínimo tacto político, han dejado entrever con sus palabras la ambición y la soberbia a la que están acostumbrados. Para muestra lo dicho por el dirigente del SNTE 53 en la región del Évora, Tomás Enrique Cervantes López, quien señaló que las nuevas autoridades educativas en el Estado “no llegaron con el librito de cómo se trabaja con ese sindicato”. Lo más seguro es que se refiera al librito de chantajes a que estaban acostumbrados, porque la relación patrón- sindicato debe regirse por lo que establecen las leyes, y no por usos y costumbres que con el tiempo adquirieron gran fuerza pero que hasta los líderes sindicales más charros de la historia sabían que algún día llegarían a su fin.
El cacicazgo del SNTE 53 creció con los gobiernos anteriores dónde no sólo ponían alfiles en la estructura educativa oficial, sino hasta les alcanzaba para colocar a sus progenitores (Juniors) e incondicionales en cargos de elección popular. Pretender hacer lo mismo dentro de estos nuevos gobiernos emanados de colores distintos al PRI es tan difícil como ganarles en este juego de vencidas en el que están metidos. ¿Estaremos entonces en el ocaso de un cacicazgo magisterial?…ya lo veremos. Pero ese es el clamor de la base trabajadora.
